No sé qué esperaba Ulises al regresar a Itaca
qué pasó por su cabeza durante tantos días
en los que el peso fijo de las estrellas en el cielo
amontonaban sus sueños como fardos de carne seca
no sé qué luz le guíaba
qué esperanza secreta le hacía creer
que el tiempo
de ser
nunca cambia
no hubo perro que le reconociese
y vagó durante años
como eses hombres
que siguen esperando
que alguien les encuentre
a su regreso