sabía que no era difícil
por eso soñaba que en su teléfono
saltaban las llamadas para otra persona
que miles de mensajes inudaban su silencio
que todo lo que tenía que pasar era
designio de dios
soñaba que al margen del río comían juntos
y que el álamo bendecía
con su sombra mecida por el viento
manjares
que rara vez degustaría:
un corazón
poco cocinado
soñaba que al filo de la montaña
todo era el pudor y la desidia
y que en lo alto
en la misma piedra
sobre la que Jacob tendía la cebeza de su hijo
la suya sentió el tacto cálido de la mano
hirviente de su padre
y entonces vio que aquello era bueno
pero ningún ángel
ninguno
bajo a detener su brazo
y entonces
cortó al recién nacido
por la mitad
delante de sus dos madres